Por: Gilmer A. Cacho Cuba

Estuve embromado por citas médicas en EsSalud y ahí el tiempo no nos pertenece, pero no olvidé que el 11 de mayo de 2018 fue a Cajabamba Vizcarra y dijo QUE EL 50 % DE LA POBLACIÓN ERA POBRE.

Desde entonces le he escrito al Presidente de la República, a los Congresistas por Cajamarca, al Gobernador de Cajamarca, al alcalde de mi pueblo y a las organizaciones cajabambinas, residentes en Lima y creo que están sordos o les es indiferente el tema. Por tanto, me convencieron que en Cajabamba hay pobreza, pero a la vez está empobrecida.

Y a mí este asunto me golpea doble ya que Cajabamba, la provincia en que nací, es la más pobre de Cajamarca. Ante lo que contaré que San Juan Pablo II me ató para siempre con su decir en la Navidad de 1984: “Nosotros queremos afirmar nuestra solidaridad con todos los pobres del mundo contemporáneo, en la dramática actualidad de su sufrimiento real y cotidiano”.

La pobreza es la situación de no poder satisfacer las necesidades básicas de una vida digna, por faltade alimentación, vivienda, educación, asistencia sanitaria, agua potable, medios de comunicación, medios de transporte, sistema financiero y/o electricidad.

Por eso todavía resuenan las palabras del entonces Papa Juan Pablo II, en Villa El Salvador (martes 5 de febrero de 1985), reclamando a las autoridades nacionales: “Dadles de comer, haced todo lo posible por dar dignidad, educación, trabajo, casa, asistencia sanitaria a estas poblaciones que no la tienen. Redoblad los esfuerzos en favor de un orden más justo que corrija los desequilibrios y desproporciones en la distribución de los bienes. Para que así, cada persona y familia pueda tener con dignidad el pan cotidiano para el cuerpo y el pan para el espíritu.”

Los resultados de la pobreza son el hambre, la desnutrición y la anemia, males sociales destructores de la sociedad y que doloroso resulta que no nos compadezcamos de tal situación y los que tienen que resolver, prefieran estarse peleando sin sentido ni cesar, pero ni una sola acción para detener y revertir este problema en uno de los departamentos más ricos del Perú. Es indiferencia, inacción, ineptitud e insolvencia evidentes.

Le pido a Dios que los gobernantes de turno oigan el ruego de encarar la pobreza de los residentes en Cajabamba.

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